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Que alguien te imite: ¡No es molestia, es halago!

Cuando era tan solo una niña en la escuela, me acuerdo perfectamente como les molestaba a mis amiguitas que alguien “las copiara” o según decían, que otra compañerita quisiera ser como ellas. Si, la  típica conversación de “no te peines como yo” o “no me copies la tarea”.  Eran cosas que nos quitaban el sueño porque todos anhelábamos ser únicos en este mundo y desarrollar nuestra propia identidad.

Muchos años han pasado y entre más vieja me pongo, más me he dado cuenta como la gran mayoría de las personas no están viviendo sus vidas por estar siguiendo y tratando de vivir la vida de los demás. Esto de ‘copiar a tu vecina’ o querer hacer lo que hace la amiga de Instagram, se ve en todas las edades.

Con esto de las redes sociales, nos prestamos cada vez más a exponer nuestra vida ante los ojos de los demás, hasta de aquellos de quienes quisiéramos escondernos. En muchas ocasiones, no pensamos dos veces para compartir con emoción el nuevo par de zapatos que acabamos de comprar; el nuevo proyecto que se avecina; la foto de nuestra familia y hasta secretos, que en realidad, quedarían mejor escondidos en el baúl de los recuerdos. Esto, amigos míos, se presta para que las personas que de una forma u otra te ‘siguen’, puedan estar al día.

Hace unos días, tuve una buena plática con una de mis amigas y llegamos a una conclusión que quise compartir con ustedes. No debemos molestarnos cuando nos damos cuenta que alguien trata de ser como nosotros o como dirían vulgarmente, cuando alguien “se roba nuestras ideas”, ya que esto, amigos míos, es una clara señal de que estamos haciendo las cosas bien, ¿no  creen?

Mi amiga Priscila estaba enojadísima cuando se dio cuenta que Andrea estaba robándole sus ideas de trabajo, sin embargo, y después de una larga conversación, le dije que en vez de molestarse por esto, debería sentirse alagada. ¡Claro que sí! Tienes dos opciones: o amargarte la vida o disfrutar del saber que estás haciendo las cosas tan bien, pues que estás inspirando a terceros.

Mi madre siempre dice que los seres humanos somos como una velita encendida. Con mucho cariño explica que no es necesario apagar una llama para encender una segunda. Así las cosas, jamás dudes en compartir lo que sabes con alguien más, jamás seas egoísta cuando alguien te pida un consejo, y si te das cuenta que alguien está haciendo lo mismo que tú, mírate al espejo y di: “seguro estás haciendo algo bien”.

¿Y a ti? ¿Te ha pasado? Recuerden que lo más importante es tratar de ser siempre la mejor versión de nosotros mismos.

Espero tus  comentarios,

Carolina Sarassa

www.CarolinaSarassa.com

@CarolinaSarassa

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